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Maleza Mental

Maleza Mental

La maleza ha comenzado a cubrir el jardín. Las hojas de los árboles cada vez se asemejan más las páginas de mis libros viejos, amarillentos, con aroma a polvo y recuerdos. No puedo recordar la causa de este descuido, tan solo se que han pasado meses sin darle amor a mi jardín, a nuestro sueño compartido.

Supongo que es normal que mi vida “real” se interponga a veces con mi trabajo de ensueño: compromisos sociales, la remodelación de mi alcoba, el extraño sabor de boca que me dejan esas conversaciones a media noche con perfectos desconocidos.

Es inevitable que ambos mundos se permeen a su contraparte. Es de esperarse que el conejito de la luna me sonría cuando me asomo por la ventana en medio de mi insomnio de martes por la madrugada, sin importar que el cielo esté cubierto de densas nubes. Pero no es nada agradable que se ría a carcajadas de mi, mientras me estoy congelando bajo la lluvia, en espera de un caballero andante que me ayude a cambiar un neumático averiado.

A veces me siento como una acróbata circense, ejecutando un peligroso paseo sobre la cuerda floja, cargando un par de platos chinos girando sobre dos varitas, balanceados sobre las palmas abiertas de mis manos.
Abajo me aguarda una muerte segura, una caída mortal hacia el aserrín que cubre la sangre de quienes cayeron antes que yo. Aquí arriba, la promesa de la ovación de mi público me mantiene firme, serena y audaz.

Más que un circo repleto de aplausos, creo que me hace falta un jardinero gentil, dispuesto a arrancar de cuajo la maleza mental que invade mis jardines oníricos.

 

Creo que me tendré que conformar con un buen sorbo de Nyquil.

Buenas noches.

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