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80 días de exceso, lisonja y tijeretazos.

80 días de exceso, lisonja y tijeretazos.

Basada en el cuento clásico de Hans Christian Andersen, esta historia es una sátira sobre el evento: Fórum Monterrey 2007.
No pretende cambiar al mundo, mucho menos reprender a la gente engreida.
Tan solo busca hacer sonreir y reflexionar un poco a quien lea con atención.

 

Y como empiezan todos los cuentos…

 

Había una vez un reino muy, pero muy lindo. Los campos eran verdes y protegidos por montañas. La gente trabajaba duro y en consecuencia tenía mucho dinero. Además; todo mundo era hermoso.

Era un reino tan, pero tan perfecto; que todos sus habitantes se habían vuelto super engreidos. Se creían superiores a los demás reinos de la región.

El rey de este lugar era el más engreido de todos. Tenía la nariz respingada de tanto llevarla en alto. El monarca era un pedante de primera y para mostrar a todo el mundo, especialmente a los reinos vecinos lo magnánime de su pequeño país decidió hacer un desfile… y claro, él sería la figura principal, así que necesitaba un traje fuera de lo ordinario para la ocasión.

Un traje que haría que los ojos del mundo centraran su atención en él y solamente en él.

En menos de una semana miles de sastres de todos los rincones de la tierra hacían fila para ser los confeccionadores de tan fabuloso traje. Todos querían ser parte de este evento. Llevaban al trono telas finísimas, seda con oro, pedrería, diamantes, fibras exóticas e incluso algunas desconocidas por los diseñadores más famosos del reino.

El Rey bostezaba.
Y cada vez que lo hacía alguien perdía la cabeza ..

Pero quedó pasmado cuando vio entrar a su cámara real a dos tipos: uno alto, delgado y narizón y el otro bajito, regordete y con nariz de botón. Pero no fue su aspecto lo que lo dejó atónito. Sino la pantomima que venían representando.

Dijo el hombre alto:

-Su Majestad, permítame presentarle la tela más hermosa del planeta. ¡Que va! ¡Del universo !

Estaba el rey a punto de indicar al verdugo que le cortara la cabeza cuando el hombre pequeño interrumpió:

-Esta tela está fabricada con materiales tan finos y curada con finas sales extraidas de las minas de los trópicos. Es tan hermosa que solamente la pueden ver las personas Bonitas e inteligentes…

Ni el Rey, ni el verdugo, ni los pajes ni los presuntos sastres podían ver absolutamente nada. Pero era tanto el orgullo de aquella gente que el Rey no tuvo más remedio que exclamar:

-Oh! claro! que hermosura. Eso de que solo la pueda ver la gente digna de ser “alguien” me parece que es el toque de genialidad que había estado buscando.

-Quedais contratados! Esta tarde me tomareis las medidas para mi nuevo traje real !

Esa misma tarde los nuevos “sastres reales” le tomaron las medidas al rey. Mientras lo hacían aprovecharon para contarle sobre las mil y un ventajas de poseer un traje confeccionado en tan finisima tela, única en su clase. ¿Y porque no? Poseer un guardarropa entero del mismo material.

El rey seguía sin ver nada. Peor aún, cuando les pidió tocar la tela, tampoco sintió absolutamente nada.

Pero tan solo imaginar lo que la gente pensaría si se enterasen que SU REY, su soberano absoluto era una persona tonta, y para colmo de males, fea, era una idea aterradora. Sus súbtidos, no menos engreidos, tampoco se atrevieron a abrir la boca. Y así fue como a los sastres les fue asignado, bajo mandato real, el enorme salón Forum para trabajar en “el traje nuevo del rey”

Nada tontos, le explicaron al monarca que para crear condiciones óptimas de trabajo y resultados fabulosos era necesario que diariamente se les diera de comer a los “sastres reales” deliciosos manjares, inclusive viandas que el mismo rey no consumía con regularidad. Pues hasta para un rey existen los precios altos. Comida, vino, cortesanas y juglares corrían como vertedero hasta el salón “Forum” que este par de estafadores habían convertido en “Taller de Alta Costura ” dentro del mismísimo palacio del Rey.

Mentras Phineas Fogg le daba la vuelta al mundo en otro cuento, en el Salón Forum de palacio pasaron 80 días de excesos, lisonja y falsos tijeretazos por parte de los presuntos sastres, que de cuando en cuando daban un informe al rey y le explicaban el delicado proceso de bordado de su traje.

Finalmente llegó el día del desfile. El sastre regordete ya no cabía en sus propias ropas, pues la buena vida lo había hecho engrosar aún más. Saciados por el vino y otros placeres, los estafadores corrieron a las cortesanas de su taller y se dispusieron a ponerse “presentables” para mostrar al Rey su nuevo atuendo. El traje que haría que los ojos del mundo entero quedasen atónitos al verle en él.

– Como verá su majestad el material es tan ligero que ni siquiera se siente su peso sobre el cuerpo.

– Cuidado con la manga su majestad, es por aquí.

El Rey se vio en el espejo y exclamó:

– Por Dios! definitivamente este es el traje más grandioso que he hayan visto mis ojos.

Guardias, acompañad a estos caballeros al salón de las arcas reales y déjenlos que tomen todo el oro y las joyas que puedan cargar consigo.

Y mientras los sastres se atiborraban de monedas, algunos dicen que el regordete se tragó tres diamantes pues ya no le cabían en las ropas, y salían sigilozamente por la puerta trasera del palacio, el desfile real comenzaba en la calle principal.

Acróbatas, fuego, bailarinas, elefantes blancos, leones y hasta un unicornio desfilaron para el pueblo y los ojos del mundo. Bandas de guerra, más acróbatas, un enorme caballo de madera de otra historia no menos famosa y hasta un barco de vapor, montado en un carro cubierto de flores para demostrar la pericia ingenieril de aquel reino protegido por montañas, tan perfecto, tan grandioso, tan engreido.

Finalmente llegó el momento que todo el reino, si no es que toda aquella tierra estaban esperando.
Se detuvo la música.
Se hizo un silencio sepulcral.
La tierra se partió en dos y de aquel abismo surgió la figura más esperada del momento.

Su majestad se encontraba parado sobre una plataforma de oro sólido, portando orgullosamente su nuevo traje.
La gente, como era de esperarse, estaba en shock. Nadie podía ver el traje.

¿Acaso es que todos eran feos y estúpidos?

-Que vergüenza para la familia si alguien se enterase.

Así que al igual que el rey, todo mundo comenzó a vanagloriar la hermosura de aquel traje elaborado con la tela más fina del mundo.

Cobertura global por CNN. La gente en Tokyo comentaba lo hermoso del traje, en NYC lo proyectaban en Madison Square. El Rey no podía sentirse mejor. Su respingada nariz estaba tan alta ese día que le era imposible mirar hacia abajo.

Hasta que finalmente un niño del reino vecino, todo desaliñado y sin un zapato trepó a la plataforma y gritó con todas sus fuerzas, antes de ser reprimido por 7 guardias reales.

-¿QUÉ NO SE DAN CUENTA? EL REY ESTÁ DESNUDO !

El niño fue arrestado, nadie volvió a saber de él.

Lo que si se supo en todos los medios masivos unas cuantas horas después fue que conocida facción terrorista había enviado una “señal magnético-maligna” para “bloquear” la hermosura del traje nuevo del Rey. Por esa razón las personas de mente débil habían sido incapaces de verlo y habían llegado a pensar, erróneamente por supuesto, que el Rey estaba desnudo. La gente del reino estaba tan orgullosa de que su líder no hubiese sido afectado por esos desalmados terroristas. Todo era perfecto en aquel reino protegido por las montañas.

¿Y los sastres? Se rumora que compraron una isla griega y se llevaron consigo a unas doncellas, tan brillantes como el Rey y sus súbditos, para confeccionarles unos vestidos mágicos y bailar con ellas toda la noche.

FIN

=)

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